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22 de octubre de 2026
22 de octubre de 2026

El repunte de la construcción en Venezuela en 2026

miguel daher quintero

La construcción es el primer sector que se mueve cuando una economía decide crecer. Antes de que los indicadores de consumo lo confirmen, ya hay movimiento en los depósitos de materiales, en los patios de cabillas y en los equipos de obra. Por eso los números de la construcción en Venezuela de este año merecen una lectura atenta: no como un titular de temporada, sino como una señal de hacia dónde puede ir el país si hacemos bien el trabajo.

Lo que dicen las cifras

El Banco Central de Venezuela informó que el PIB creció 7,14% en el segundo trimestre de 2026 frente al mismo período de 2025, con lo que la economía suma 21 trimestres continuos de crecimiento. La actividad petrolera avanzó 9,10% y la no petrolera 5,79%. Según el propio BCV, esta última se vio favorecida por una mayor venta de divisas para la producción nacional y por la sinergia entre las actividades económicas.

Dentro de ese cuadro, la construcción creció 16,11%, solo por detrás de las actividades financieras y de seguros. El dato gana valor si se mira de dónde viene: en el primer trimestre el sector se había contraído 9,72%. Un rebote de esa magnitud no se explica por una sola obra ni por un solo actor. Habla de proyectos que se reactivan, de pedidos que vuelven a colocarse y de capacidad que estaba esperando una señal.

La medición del sector privado apunta en la misma dirección. La encuesta de Fedecámaras a sus cámaras afiliadas registró un crecimiento de 9,8% en la construcción privada durante el segundo trimestre, liderando el avance del volumen de negocios. Conindustria, por su parte, reportó que la manufactura privada creció 8,1% en el primer semestre y que la utilización de la capacidad instalada subió a 51,7%. A escala regional, la CEPAL mantiene para Venezuela una proyección de crecimiento de 6,5% en 2026, la más alta de América Latina y el Caribe.

Ninguna cifra aislada cuenta toda la historia. Pero cuando el ente emisor, los gremios y un organismo multilateral coinciden en la dirección, conviene tomarlo en serio.

Un sector que mueve a muchos otros

Cuando una obra arranca, no se activa solo la empresa que la ejecuta. Se activa quien vende cemento y agregados, quien hace cabillas, quien fabrica pinturas y pegamentos, el transportista, el ferretero, el fabricante de ventanas, el electricista, el carpintero y el plomero. La construcción tiene una de las cadenas de proveedores más largas de la economía, y casi todos sus eslabones pueden estar en el país.

Hay capacidad para responder. Siderúrgica Zuliana ha señalado que la capacidad instalada nacional, sumando plantas públicas y privadas, está entre 1.000.000 y 1.200.000 toneladas de cabillas al año. Y empresas nacionales de insumos con décadas de trayectoria siguen apostando por el mercado local, como lo recogen publicaciones como la revista Business Venezuela.

El efecto sobre el empleo es directo. La construcción absorbe oficios que se aprenden en obra, ofrece una primera oportunidad formal a muchos jóvenes y forma técnicos que luego sirven a otras industrias. La Cámara Venezolano-Americana de Industria y Comercio (VenAmCham) lo planteó en septiembre: el repunte laboral depende de “la reactivación de la inversión, el mejoramiento de la tecnología y el adiestramiento a la población”, y el cambio en marcha “no es coyuntural, es estructural”.

Hay además una conexión que a veces se pasa por alto: la inversión en energía también se traduce en obra. Business Venezuela reseñó en septiembre la entrada de GeoPark al Bloque Bare, en la Faja del Orinoco, una operación valorada en 1.200 millones de dólares, y recogió anuncios de inversión orientados a infraestructura energética. Cada pozo, cada planta de compresión de gas y cada línea de transmisión necesita fundaciones, estructuras, vialidad y servicios. Cuando el sector energético invierte, la construcción trabaja.

Un marco que acompaña

El repunte no ocurre en el vacío. El 25 de agosto se publicó en Gaceta Oficial la Ley de Promoción y Protección de la Construcción de Viviendas, cuyo objeto es promover y desarrollar el sector inmobiliario y de la construcción, y proteger a quienes compran viviendas en preventa y construcción “en condiciones de seguridad jurídica, transparencia y viabilidad financiera”. El texto prevé, además, que el Estado cree incentivos para el uso productivo de terrenos y edificaciones públicas destinados a la construcción de viviendas. Al promulgarla, el Ejecutivo Nacional señaló que la ley permitirá mayores flujos de inversión privada que se sumen al esfuerzo del Estado.

Los gremios lo han leído así. La Cámara Venezolana de la Construcción informó que sus afiliados tienen proyectos para edificar hasta 14.000 viviendas, que podrían arrancar en el corto plazo, y lo resumió con una idea que comparto: “las empresas del sector y los entes públicos deben sentarse a evaluar cuáles son las obras prioritarias”. La Cámara Inmobiliaria de Venezuela, por su parte, valoró que las nuevas normas ayudan a reactivar el inventario formal y a devolver la confianza a quienes quieren invertir, y recordó que el paso siguiente es incorporar progresivamente mecanismos de financiamiento.

En paralelo, el Programa Nacional de Formación para los Trabajadores de la Construcción, impulsado por el Ejecutivo Nacional con el Inces y varios ministerios, abrió inscripciones en agosto para formar albañiles, plomeros, electricistas, herreros, carpinteros y soldadores. A mediados de septiembre el Inces reportaba 139.857 postulados, y ya hay participantes aprendiendo en obras reales. Para quienes construimos, esa es una de las noticias más importantes del año: la mano de obra calificada no se improvisa.

El sector privado no sustituye nada de esto; lo complementa. El Estado define el marco, prioriza obras y forma talento. Las empresas aportan capital, gestión, tecnología y capacidad de ejecución. VenAmCham lo expresó con claridad en julio: el fortalecimiento económico “se construye con diálogo, innovación y alianzas sólidas entre el sector público y privado”.

Cuatro condiciones para sostener el repunte

Un trimestre fuerte no es una tendencia. Para que este crecimiento se mantenga, veo cuatro condiciones que dependen en buena medida de nosotros.

Planificación. El rebote invita a correr, y ahí está el riesgo. Las obras que arrancan sin estudios completos, sin cronogramas realistas o sin financiamiento asegurado terminan paralizadas. Planificar bien es la forma más rápida de construir.

Proveedores locales. Cada compra que se queda en el país multiplica el efecto del crecimiento. Desarrollar proveedores nacionales de materiales, servicios y mantenimiento, y exigirles estándares claros, fortalece la cadena completa. En el reciente encuentro petrolero VIOGS 2026, reseñado por Business Venezuela, se propuso precisamente incorporar contenido nacional en los nuevos contratos del sector. Esa lógica aplica igual a la construcción.

Talento. Los programas públicos de formación abren una puerta; las empresas tenemos que cruzarla con ellos. Eso significa recibir aprendices en obra, certificar oficios y ofrecer trayectorias de crecimiento. Como ha planteado VenAmCham, la productividad tiene que ser “nuestro eje de valor”, y la productividad empieza por la gente.

Calidad. La velocidad no puede ir contra la seguridad. Materiales certificados, supervisión técnica y respeto a las normas son lo que separa una obra que dura de una que hay que rehacer.

El crecimiento no se sostiene con entusiasmo sino con método. Las cifras abren una ventana; lo que hagamos con ella depende de la disciplina con la que planifiquemos, compremos, formemos y construyamos, y de la capacidad de trabajar juntos, sector público y privado, en las mismas prioridades.

La métrica que no miente

En nuestro oficio hay una sola métrica que no admite interpretaciones: las obras se confirman cuando siguen en pie años después. Los indicadores trimestrales importan, pero la prueba definitiva de este repunte no la dará el próximo boletín del BCV. La darán los edificios, las vías y las viviendas que hoy empiezan a levantarse, cuando dentro de muchos años sigan sirviendo a las familias que los habitan.

El crecimiento es una buena noticia. Que dure es tarea de todos los que construimos.

Miguel Ángel Daher Quintero

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