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8 de agosto de 2026
8 de agosto de 2026

El sector privado y la reconstrucción de Venezuela: una responsabilidad que no podemos eludir

Reconstrucción de viviendas en Venezuela tras el terremoto del 24 de junio de 2026

Hay momentos que lo cambian todo. El 24 de junio de 2026 es uno de esos momentos para nuestra Venezuela.

Cuando la tierra dejó de temblar y comenzaron a conocerse las dimensiones reales de lo ocurrido, muchos venezolanos nos hicimos la misma pregunta: ¿qué viene ahora? La respuesta honesta es que viene lo más difícil. Los terremotos duran segundos. La reconstrucción de Venezuela va a durar años.

He pasado más de dos décadas trabajando en construcción e infraestructura en Venezuela. Empecé en Maracaibo levantando obras civiles cuando era un joven con más energía que experiencia. Con el tiempo aprendí que construir en Venezuela no es solo un negocio, es un acto de fe en el país. Y hoy, frente a la magnitud de lo que dejaron los sismos del 24 de junio, siento que esa convicción se pone a prueba de una forma que no habíamos vivido en mucho tiempo.

Lo que la reconstrucción va a necesitar

Venezuela va a necesitar reconstruir viviendas, edificios, infraestructura vial, puertos, aeropuertos y redes de servicios. Una tarea de esa escala requiere la suma de todos: instituciones públicas, sector privado, comunidades organizadas y cooperación internacional. La reconstrucción más exitosa de la historia siempre ha sido la que unió todos esos actores trabajando en la misma dirección.

El sector privado venezolano tiene algo que muchas veces se subestima: capacidad instalada real. Hay empresas en este país con maquinaria, con personal calificado, con experiencia en proyectos de gran escala y con la voluntad genuina de aportar. No como favor, sino como actores con responsabilidad social concreta.

El techo como prioridad

De todo lo que hay que reconstruir, la vivienda es lo más urgente y lo más humano. Un puente roto paraliza la economía. Un edificio de oficinas caído detiene negocios. Pero una casa destruida le quita a una familia el lugar donde duerme, donde come, donde cría a sus hijos. Esa pérdida no tiene equivalente económico.

Miles de familias venezolanas amanecieron el 25 de junio sin techo. Algunas perdieron todo en segundos. Otras viven en estructuras comprometidas que no saben si van a resistir la próxima réplica. Para esas familias la reconstrucción no es un proyecto de infraestructura, es la posibilidad de recuperar la normalidad, la seguridad y la dignidad.

Venezuela tiene experiencia construyendo viviendas a gran escala. Tiene ingenieros, arquitectos, maestros de obra, proveedores de materiales y empresas con capacidad técnica probada. Lo que se necesita ahora es movilizar todo eso con la misma urgencia y energía con la que los rescatistas trabajaron en las primeras horas. Una vivienda bien construida, en el lugar adecuado y con los estándares correctos, puede ser la diferencia entre una familia que reconstruye su vida y una familia que espera años en condiciones precarias.

La responsabilidad de quienes podemos aportar

Quienes tenemos trayectoria en el sector de la construcción y la infraestructura llevamos días pensando en lo mismo: ¿qué podemos hacer? No desde el discurso, sino desde la acción concreta. Esa pregunta me parece la más importante que puede hacerse cualquier empresario venezolano en este momento.

La respuesta no tiene que ser grandiosa. Puede ser una comunidad, un conjunto de viviendas, un proyecto puntual ejecutado con rigor y con compromiso. Lo que importa es que la capacidad que existe en el sector privado venezolano no se quede quieta mientras el país la necesita.

Lo que espero de Venezuela y la promesa que me hago

Hay una fábula que estos días no deja de dar vueltas en mi cabeza. Cuenta que un día un gran incendio comenzó a devorar el bosque. Todos los animales huían despavoridos, paralizados por la magnitud del fuego. Todos, menos un pequeño colibrí que volaba sin parar desde el río hasta las llamas, cargando en su diminuto pico una gota de agua cada vez para arrojarla sobre el fuego.

El jaguar, el más grande y poderoso del bosque, lo vio y le preguntó: «Colibrí, ¿qué estás haciendo? Tu gota no va a apagar este incendio. Es demasiado grande y tú eres demasiado pequeño.»

El colibrí lo miró y respondió sin detenerse: «Soy consciente de eso. Pero yo estoy haciendo mi parte.»

Esa es la promesa que me hago hoy. Trabajaré muy duro para hacer mi parte. No porque una sola persona o una sola empresa sea suficiente, sino porque Venezuela se va a reconstruir exactamente así, con la suma de todos los que deciden no quedarse quietos.

Esa reconstrucción empieza ahora.

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