5 de julio: lo que le agradezco a Venezuela
Hay fechas que uno vive distinto según la edad que tiene. A los veinte años, el 5 de julio era un feriado más, un desfile en la televisión, un día libre. Con los años, y sobre todo después de dedicar dos décadas a construir empresas en este país, la fecha empieza a sentirse distinta. Uno entiende mejor qué significa la palabra «independencia» cuando ha podido construir algo propio, sostener empleos y seguir apostando por un país que te ha dado tanto.
Hoy, 5 de julio, prefiero no hablar de política. Prefiero hablar de lo que sí conozco de cerca: la gente que todos los días llega a una planta, a una finca, a una obra, a una oficina, y con su esfuerzo hace que las cosas funcionen. A esa gente es a quien más le debo agradecer.
Lo que agradezco al mirar hacia atrás
Empecé en el sector de la construcción apoyando a mi Padre, en Maracaibo, con la misma incertidumbre con la que empieza cualquiera. Esa ciudad, con su calor, su gente y su forma particular de no rendirse nunca, fue la base sobre la que se construyó todo lo demás. Con el tiempo, ese primer paso se convirtió en un grupo con presencia en agroindustria, reciclaje, avicultura, acuicultura y alimentos. No lo cuento como un logro personal, porque no lo es: es el resultado de construir, junto a mi familia y a miles de personas que hoy trabajan con nosotros, algo que hace veinte años ni imaginábamos.
Agradezco, sobre todo, a la gente. A mis socios, a quienes decidieron apostar por un proyecto cuando apenas era una idea. A quienes se quedaron. A quienes cada día encuentran la forma de hacer bien su trabajo, incluso cuando las condiciones no son las más sencillas. Ese tipo de compromiso no se improvisa ni se compra. Se cultiva, y Venezuela tiene de sobra.
Lo que le agradezco a este país
Le agradezco a Venezuela la oportunidad de construir algo con sentido: empleo real, alimentos que llegan a las mesas, materiales que antes eran desecho y hoy son producto útil. Le agradezco su gente, que sigue siendo lo más valioso que tiene cualquier proyecto empresarial en cualquier parte del mundo. Sinceramente, y lo digo sin exagerar, creo que Venezuela es el mejor país del mundo. Lo he sentido cada vez que un proyecto nuevo toma forma aquí, y cada vez que compruebo de lo que es capaz su gente.
Le agradezco también su capacidad de levantarse. Lo vimos hace pocas semanas, tras el sismo del 24 de junio: la solidaridad y la voluntad de reconstruir aparecieron casi al instante, como siempre pasa aquí.
Y le agradezco, de manera especial, a quienes eligieron quedarse y seguir construyendo, y a quienes desde afuera nunca dejaron de creer en lo que este país puede ser.
Con esa misma convicción seguimos mirando hacia adelante: pronto vamos a compartir nuevos proyectos en áreas donde todavía no teníamos presencia, ampliando lo que este grupo puede aportarle a Venezuela. Ya habrá tiempo de contarlos con detalle.
Feliz 5 de julio Venezuela.
