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8 de noviembre de 2026
8 de noviembre de 2026

Avicultura en Venezuela: la proteína que no se puede detener

Galpón avícola en Venezuela con técnicos en trajes de bioseguridad

En Venezuela se consumen unos 32 kilos de pollo por persona al año, según cifras que la Federación Nacional de Avicultura (Fenavi) dio a conocer en mayo de 2026. Detrás de ese número hay una realidad que pocas veces se cuenta: el pollo y el huevo son hoy la proteína más accesible para la mayoría de los hogares del país, y eso convierte a la avicultura en una industria que no tiene permiso para detenerse.

La proteína de todos los días

Cuando una familia decide qué va a comer en la semana, el pollo casi siempre está en la lista. Es versátil, rinde y tiene un precio que lo mantiene al alcance de más personas que otras proteínas animales. Por eso, cuando se habla de seguridad alimentaria, la avicultura no es un sector más. Es uno de los pilares.

Fenavi estima que la producción nacional de pollo ronda hoy las 850.000 toneladas, y el gremio proyecta un crecimiento cercano al 60% en sus líneas de producción durante los próximos tres años. Es una meta ambiciosa, y alcanzarla dependerá de algo menos visible que la demanda: la capacidad de cada productor de operar con disciplina todos los días.

Una operación que no admite pausas

Producir pollo de forma sostenida se parece poco a producirlo de forma ocasional. Un ciclo de engorde dura alrededor de seis semanas, y en ese tiempo nada puede fallar: el alimento balanceado tiene que llegar a tiempo, la bioseguridad de los galpones no puede relajarse, el agua y la ventilación deben estar controladas y la sanidad del lote se vigila a diario.

Después viene la etapa que el consumidor nunca ve: el beneficio, el control de calidad, la cadena de frío y la distribución. Cada eslabón depende del anterior. Si uno se detiene, no cae una cifra en un reporte. Cae la disponibilidad de un alimento básico en miles de mesas.

Esa es la lógica con la que trabaja Agroavícola del Llano, nuestra empresa avícola dentro de Grupo Dahmo. Hoy produce 600 toneladas semanales de pollo beneficiado, con procesos evaluados y certificados bajo altos estándares de calidad. Ese volumen solo se sostiene con planificación, con equipos que conocen su oficio y con una exigencia que no cambia de una semana a otra.

La calidad que no se ve

En un producto que se consume todos los días, la calidad no es un atributo de marketing. Es una obligación. El consumidor no revisa la trazabilidad de un pollo antes de comprarlo: confía en que alguien ya lo hizo por él. Esa confianza se gana con certificaciones, con controles y con la decisión de no negociar estándares para producir más rápido.

También hay una cadena que conecta a la avicultura con otras industrias. En Grupo Dahmo, Plastinorte y Ecopack se fabrican empaques para huevos que abastecen a la industria avícola, dentro y fuera del país. Es un buen ejemplo de cómo un residuo puede volver al circuito productivo como un insumo útil para el mismo sector que alimenta al país.

Crecer con orden

El crecimiento que proyecta el gremio es una buena noticia, y el sector privado tiene un papel claro en él: invertir en genética, sanidad e infraestructura, formar talento técnico y sostener producción nacional como complemento al esfuerzo público en materia alimentaria.

Pero crecer en avicultura no es solo sumar galpones. Es mantener el mismo estándar cuando el volumen se duplica, cuidar la bioseguridad cuando hay presión por producir y asegurar que cada tonelada adicional llegue con la misma calidad que la anterior.

La continuidad es el producto

En los negocios que alimentan a la gente todos los días, el verdadero producto no es solo lo que se vende. Es la continuidad. Un cliente puede perdonar un precio, pero difícilmente perdona que el alimento no esté cuando lo necesita.

Esa idea aplica mucho más allá de la avicultura. Cualquier empresa que produce algo esencial debería medirse menos por sus mejores semanas y más por su capacidad de no fallar en ninguna.

Como Vicepresidente de Grupo Dahmo C.A., esa es la vara con la que miramos cada una de nuestras operaciones en Venezuela: no cuánto producimos en un buen mes, sino cuántas semanas seguidas cumplimos sin excepción.

Miguel Ángel Daher Quintero

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